Reto #2

Escribe una historia sin un solo adverbio -mente.

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Cuenta la leyenda que el espíritu de Lady Grey ha vagado por siglos bajo las copas de las hayas que cubren el serpenteante sendero hacia la mansión de Gracehill. Algunos la llaman la dama gris, se dice que ella era una criada de la familia Stuart, quienes plantaron aquella misteriosa y magnifica avenida en el siglo XVIII con el fin de impresionar a las personas que se acercaran a su mansión, y que murió en circunstancias misteriosas y aún desconocidas. También se cree que Lady Grey es un alma en pena que recorre este sendero desde un cementerio abandonado y escondido en los campos de los alrededores, y que, en las noches de Halloween visita las tumbas olvidadas para invitar a las otras almas perdidas a pasear bajo las sombras de las ramas de los setos oscuros. Ramas que al entrelazarse forman un túnel que, en lugar de llevarte a la mansión, parece guiarte hacia la muerte.

Real o no, no tenía importancia ya, de cualquier modo en ese momento me encontraba bajo el montón de brazos de madera que parecían querer atraparme y no dejarme salir de aquel terrorífico pero a la vez hermoso túnel natural. No entendía cómo había llegado allí, tampoco hacia dónde caminar, ni cómo podría salir sola. Estaba oscuro, no podía ver nada más que las ramas que se entrelazaban en medio de la densa niebla que me impedía ver con claridad. Comencé a caminar y con cada paso que daba sentía que estaba siendo tragada por aquel camino que parecía interminable, incluso las ramas empezaron a parecer, para mis ojos, dientes filosos que querían devorarme sin piedad.

Caminé y caminé, tratando de llegar al final, pero el camino parecía alargarse con cada paso que daba. ¿Acaso me encontraba en medio de un sueño? Pero… era imposible, nunca había estado en dicho lugar y no recordaba haberlo visto siquiera en fotografías, pero entonces… ¿Cómo es que era consciente del lugar en el que me encontraba? ¿Cómo podía saber su nombre y las tenebrosas leyendas que lo rodeaban? Me asusté, el miedo recorrió cada célula de mi cuerpo como una oleada, quería salir de allí, quería volver a casa pero no podía, las enormes y fuertes ramas me abrazaban y parecían no querer soltarme.

Fue entonces cuando empecé a escuchar pisadas, podía oír el crujir de las hojas secas en el suelo cuando les pasaban por encima. Mi corazón comenzó a latir con fuerza y rapidez, no quería mirar atrás, tenía mucho miedo, quería correr, huir, escapar, pero el miedo me había paralizado. Sentí mi cuerpo pesado, era como si las raíces de los arboles hubieran salido de la tierra y se hubiesen unido conmigo, como si ahora mi cuerpo se encontrara enraizado y yo estuviese por convertirme en un árbol.

Pronto estaré junto a ellos… rodeando el camino y entrelazando mis brazos con los suyos…

—Ven conmigo —Una voz me susurró al oído. Podía sentir aire helado saliendo de su boca y entrando por mi oído, haciendo mi miedo aún más grande.

Cerré mis ojos, sabía quién era, Lady Grey… la dama gris se hallaba frente a mí. ¿Cómo era? No podía evitar pensar en que al abrirlos me encontraría con una figura demacrada y esquelética, tal vez con el cabello negro y desgreñado cubriendo su rostro, con unas uñas largas y filosas al final de unos delgados dedos. Con ojos oscuros y penetrantes, carentes de vida, que me invitarían entonces a seguirla hasta la muerte, para en la muerte, y en medio de la pena, ser su única compañía.

—No te quedes aquí, debes descansar —dijo con voz espectral, escucharla me helaba la piel—. El sol está por asomarse y si te encuentra quedarás, al igual que yo, atrapada en el camino hacia la mansión de Gracehill.

Entonces recordé que la leyenda que, sin saber cómo, conocía, decía que Lady Grey se deslizaba por la senda bajo el abrazo de las ramas y desaparecía una vez la sombra de los arboles dejaba de cubrirla. Desaparecer… quedarse atrapada… ¿A qué se refería con eso? Si el sol se asomaba y llegaba a tocarla ella desaparecería, pero yo no… yo no era ella, yo no era un fantasma, no tenía razones para temer.

—Debes caminar hacia el otro lado —Un escalofrió helado me recorría el cuerpo cada vez que escuchaba su voz—. Caminas hacia la nada y cuando estés perdida no podrás  hallar el verdadero camino.

Ignorando sus palabras seguí caminando, ella siguió mi paso en silencio, no era más que una sombra sin rostro. De pronto, como me lo había advertido, la luz del sol comenzó a bañar las enormes ramas tiñendo el ambiente de un color amarillo. En ese momento quedé maravillada con la belleza que la oscuridad me había impedido ver, el camino parecía un río rodeado por la verde hierba que crecía sobre los altos árboles secos que se unían entre ellos, para formar un túnel lleno de misterios imposibles de descifrar. Miré hacia atrás, buscando a la sombra que me perseguía, pero ella ya no estaba, la luz del sol la había ahogado con su brillo y ahora ella había desaparecido.

Escuché un auto acercarse con rapidez, me giré de nuevo y lo vi a pocos centímetros de mí avanzando con gran velocidad. Al verlo casi encima mío cubrí mi rostro con mis brazos y me dejé caer. Era el fin, moriría perdida en la nada, en un lugar que ni siquiera debía conocer. Se hizo el silencio, abrí mis ojos y no vi aquel carro por ningún lado, alcé mi mano hacia el sol y, a través de ella, pude ver las ramas de los árboles.

La dama gris invita a las almas en pena a recorrer el camino con ella…

Si te encuentra quedarás, al igual que yo, atrapada

No podré encontrar el verdadero camino… debo descansar… descansar ¿En paz?

Los recuerdos de sus palabras rondaban en mi cabeza mientras pensamientos de muerte y resignación surgían en mi interior. Busqué con mi mirada, en cada rincón inaccesible para el sol, a Lady Grey. Por alguna razón el miedo había desaparecido y era reemplazado por un profundo sentimiento de tristeza.

—Bienvenida al camino de Gracehill House, olvida la luz del sol, ya no serás capaz de verla —Sus palabras viajaban por el aire haciendo eco en mis oídos. 

Olvidar la luz del sol… Miré una vez más mis manos y me horroricé al ver que yo era una sombra también. Entonces lo comprendí… Aunque no recordaba el cómo, ni el porqué, la muerte me había alcanzado. Y en el intento por huir de ella, los fríos brazos del camino de los setos oscuros me habían atrapado y me abrazarían por toda la eternidad.

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Reto #1

Escribe un relato sobre los propósitos de año nuevo de tu personaje

Cada mañana al despertar me pregunto por qué estoy aquí, cuál es el punto de prolongar una existencia que la mayor parte del tiempo se siente vacía. Me pregunto si llegará el día en el que podré simplemente cerrar los ojos y sentir paz, mirar a mi alrededor y sentirme tranquila. Si existe la posibilidad de que llegue el día en el que pueda alejar los pensamientos negativos, y algunas veces estúpidos, que me impiden sentir alegría en mi interior. Y de repente retumba en mis oídos un fuerte “no, no y no”.

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Era 31 de diciembre. Me levanté de la cama y noté todo igual. Al salir de mi habitación vi a mi familia desayunar. Cada uno en su espacio propio, ¿desde cuándo dejamos de compartir la mesa? Bajé a la cocina y me preparé algo. Un sentimiento de melancolía me invadió. Las fechas “especiales”, de unos años a acá, me han causado más tristeza que felicidad.

Sentí el deseo de que fuese diferente aquel día, de que pudiese otra vez compartir de verdad con mi familia. Quería dejar la sensación de soledad de lado. Quería que aquella noche pudiese verlos a todos sonriendo y sentirme dichosa, no quería volver a pasar otro fin de año frente a mi computador, jugando con personas desconocidas que probablemente estarían pensando lo mismo que yo.

El día se me escapó de las manos mientras me encerraba en mi mundo y veía a mis padres y mi hermano hacer lo mismo. Cada uno parecía estar en un planeta diferente, sin que existiera la posibilidad de que en algún momento pudiésemos encontrarnos los cuatro. Me sentí tan triste que renuncié a la idea de que las cosas fuesen como antes, cuando nos reuníamos con mis tíos, primos y abuelos y todo era risa, música y baile.

Al caer la noche todo seguía igual. Incluso mucho antes de la media noche me encontraba ya en mi habitación, en mi cama, con mi computador en las piernas. Todos se habían ido a dormir. Ni siquiera hubo abrazos y felicitaciones a las doce. Puse música y cerré mis ojos, ¿cómo sería el siguiente año? ¿Podría hallar las respuestas que no he encontrado en todos estos años? ¿Existía la más mínima posibilidad de que existiese algo que me hiciera pensar que vale la pena seguir?

Luego de un par de minutos de música y llanto vibró mi celular. Lo tomé en mis manos y vi que era media noche y había gente escribiéndome. Me deseaban feliz año y decían que se sentían felices de haberme conocido o de pasar un año más de amistad conmigo. Sonreí, también yo me alegraba de tenerlos en mi vida.

Pensé nuevamente en el pasado y me sentí tonta por desear lo que allí se había quedado. Limpié mis mejillas y respondí los mensajes, también les escribí uno a mi madre y a mi padre. Me levanté, fije la mirada en mi reflejo en el espejo y encontré la respuesta, supe que el problema estaba en mí y sólo en mí se hallaba la solución.

Me miré fijamente a los ojos y me hice una promesa, fijé un propósito. Aquel año sería feliz, le daría la espalda a la tristeza, evitaría todos esos pensamientos estúpidos que terminan aislándome de los demás, sería una mejor persona, confiaría más en mí y por cada motivo de tristeza buscaría diez de felicidad.

Les diría a mis padres que los amo y buscaría maneras de compartir tiempo con ellos, haría lo posible para que todas las personas que quiero nunca lo olvidasen y nunca se sintiesen solas. Aquel año vería el mundo con otros ojos, buscaría otros colores, admiraría su belleza y abriría mi corazón a la felicidad pues el simple hecho de existir es algo hermoso.

Aunque esa noche no hubiera sido diferente algo en mi corazón me dijo que al llegar el próximo fin de año todo cambiaría, no me encerraría otra vez, no volvería a pasar un fin de año sola.